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jueves, octubre 18, 2012
El dilema de una cucaracha muerta
miércoles, octubre 17, 2012
El sexo opuesto que se insinúa en Facebook
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viernes, octubre 05, 2012
¿Regocijo en el sufrimiento de Moreira?
Esta mañana leí sobre el asesinato del hijo primogénito del ex gobernador de Coahuila y no pude recordar ningún otro caso en el que la guerra contra el narcotráfico de Felipe Calderón hubiera golpeado directamente a un personaje cercano a las esferas del poder político. Quizás sí lo haya, pero el asunto es que, más bien pensé en todos las madres y padres que en años recientes, han perdido a un ser querido debido a la política anti-narcóticos de Calderón. Para ellos, no hubo la solidaridad de la clase política ni de las instituciones, que ahora vemos en el caso Moreira.
En lo personal, no sentí ninguna simpatía por Moreira, el ex-gobernador, y no pude más que recordar aquel periodo de la administración de Felipe Calderón, cuando la postura oficial era insinuar que las víctimas de la guerra contra el narco provenían de las filas del crimen organizado. Lo que me lleva a pensar que, más allá de lo que estamos dispuestos a decir en público, hay un cierto regocijo colectivo (aunque silencioso) en el sufrimiento de Moreira, lo que infiero única y exclusivamente del silencio sobre el tema de mis contactos en Facebook.
¿O soy el único que se siente así?
En lo personal, no sentí ninguna simpatía por Moreira, el ex-gobernador, y no pude más que recordar aquel periodo de la administración de Felipe Calderón, cuando la postura oficial era insinuar que las víctimas de la guerra contra el narco provenían de las filas del crimen organizado. Lo que me lleva a pensar que, más allá de lo que estamos dispuestos a decir en público, hay un cierto regocijo colectivo (aunque silencioso) en el sufrimiento de Moreira, lo que infiero única y exclusivamente del silencio sobre el tema de mis contactos en Facebook.
¿O soy el único que se siente así?
miércoles, julio 11, 2012
El peso del voto migrante
La
baja incidencia del voto en el extranjero nos dice que la diáspora mexicana
rechaza el sufragio como una forma de hacer ciudadanía
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| Votar, para "ser parte" |
(Mexicopolis) Julio 11 - El resultado de las elecciones del 1 de
julio hubiera llevado a la presidencia a Josefina Vázquez Mota si el resultado
fuera determinado por los mexicanos en el extranjero.
Con 42.17% de los votos para el PAN, 39%
para Andrés Manuel López Obrador y 15.62% para el PRI, según
el conteo del IFE, las preferencias electorales de los emigrantes se
distinguen claramente de las expresadas por los mexicanos que habitan en
territorio nacional.
A menudo se dice que la diáspora mexicana
es anti-priísta, porque guarda una memoria de los gobiernos del PRI como los
responsables de las condiciones de pobreza que en primer lugar los motivaron a
dejar su país. De lo anterior aquello de que “los migrantes votan con los pies”.
Ciertamente, para efectos prácticos, el
voto migrante fue insignificante, considerando que (al igual que en el 2006),
el total de personas que votaron en ausencia (40,714) representaron menos del
1% de los 4.2 millones de electores potenciales.
Si se toma la cifra invertida para promover
el voto de los migrantes en el 2006, de 270 millones de pesos, el costo este
año sería de $6,632 pesos por sufragio, aunque es un hecho que en esta ocasión la
inversión fue muy superior dado que los costos del registro de electores (a
diferencia del 2012) corrió a cargo del IFE. Y uno puede preguntarse, ¿vale la
pena?
La respuesta es un rotundo “no” si se hace
una lectura desde el número de participantes en la elección. Por el otro lado,
la respuesta es un “sí” del IFE, que ve el voto migrante como una “ampliación
de los derechos… equivalente a la que concedió el voto a la mujer” en 1953 (IFE.,
p. 1).
Una lectura menos lineal, sin embargo, nos
pide reflexionar en términos que van más allá de derechos y obligaciones hacia
un estado nacional. Si nos atenemos al IFE, la calidad ciudadana de los
migrantes se mediría por su cantidad de sufragios.
Como es bien reconocido, sin embargo, los
mexicanos en el exterior participan de formas diversas y esenciales en el
destino del país. El ejemplo inmediato es el de las remesas, que además de
aportar estabilidad macroeconómica aseguran la alimentación y educación de
millones de hogares y niños (Alcaraz,
Chiquiar & Salcedo, 2010).
Aunado a las formas materiales de estar presentes, la migración involucra
a menudo subjetividades a través de las que se experimenta el país de origen de
manera distante, una observación que se deriva de un
proyecto de investigación en progreso que estudia los comentarios en foros
de noticias en línea.
Como botón de muestra está el comentario de
“bandidox”, un mexicano residente en San Diego, quien ante reportes de que un
hombre de Ciudad Juárez fue apuñalado por denunciar a unos policías que lo
secuestraron, escribió lo siguiente:
“En
serio que es el colmo de la impunidad, ya estoy hasta la madre de tanta
injusticia y que el ciudadano común esté en manos de estos delincuentes. Los
industriales tienen que asociarse con la gente y unir fuerzas para combatir a
estos desvergonzados cobardes”.
Como la anterior, hay un sinfín de
reacciones similares ante el flujo constante de reportes que muestran a México
como un país en el que la población parece indefensa ante las condiciones de
inseguridad, violencia, corrupción e impunidad que se narran desde los medios
de comunicación.
El asunto es que la ciudadanía, más allá de
derechos y obligaciones, se practica también de manera distante, a través de
transacciones concretas, pero también de emociones como el enojo, de la
necesidad que se siente por hacer algo para cambiar una realidad que se vive de
manera distante.
De lo anterior mi opinión, en el sentido de
que la baja participación electoral de los mexicanos en el extranjero es una
forma de decir no a figuras de participación cívica impuestas desde arriba.
jueves, junio 07, 2012
Votar por AMLO, una apuesta por un México más ciudadano
Me entusiasma poco la idea de un México gobernado por Andrés Manuel López Obrador. Su discurso es obsoleto, carente de propuestas y proyectos, refleja a un hombre necio e indispuesto al dialogo. Hay muchas cosas que están mal con AMLO y con el PRD, pero si lo pensamos con una perspectiva pragmática y de largo plazo, en el escenario electoral que tenemos esta es la única opción auténtica para quienes el futuro de México es tan importante como sus opiniones, convicciones, creencias, e intereses personales.
Aquí por supuesto, puede decirse que el futuro de México significa diferentes cosas dependiendo de quién y desde dónde se mire. Por eso sugiero plantear el futuro en términos de un país para todos, no para un partido en el poder y sus redes de actividad humana, con todo lo que eso significa en términos de exclusión para el resto de los que no pertenecen a ese entramado.
Puede visualizarse un futuro incluyente, plural, y justo, para todos, en un país cuyas ciudades y ámbitos rurales ofrezcan condiciones básicas para la ciudadanía, es decir, para que todos podamos actuar como ciudadanos. No sólo como madres, padres, hermanos, católicos (o de otra religión), trabajadores de una oficina gubernamental, empresarios, deportistas, miembros de un partido político, estudiantes, artistas, ciclistas, automovilistas, etc., sino como ciudadanos. La idea es que ser ciudadanos significa ser todo lo que somos, sin que lo que somos, se convierta en un problema para los demás.
Un entendimiento básico de ciudadanía se aterriza a la conceptualización fundamental de T.H. Marshall. En su libro Ciudadanía y Clase Social (1950) descompone la ciudadanía en tres partes o elementos, la civil, política y social. El civil,
"Se compone de los derechos necesarios para la libertad individual de la persona, libertad de expresión, pensamiento y fe, el derecho a poseer propiedad y a concluir contratos validos, y al derecho a la justicia. Este último es de un orden distinto a los otros, porque se refiere al derecho de defender e invocar todos los derechos que a uno le corresponden en términos de igualdad en relación a los otros y por mediación de un debido proceso legal” (p. 8).
El aspecto político se refiere al derecho de “participar en el ejercicio del poder político, como miembro de una entidad investida con autoridad política o como un elector de los miembros de dicha entidad. Las instituciones correspondientes son el parlamento y los gobiernos locales (municipios)” (Ibíd.). Y por elemento social Marshall identifica un
“Amplio abanico de derechos, desde el referente a un mínimo necesario de bienestar económico y seguridad (corporal), hasta el derecho a ser partícipe en el conjunto del patrimonio social y a tener la vida de un ser civilizado de acuerdo a los estándares prevalentes en la sociedad. Las instituciones más cercanamente conectadas a este elemento son el sistema educativo y de servicios sociales” (Ibíd.).
El asunto pues es que el PRI y el PAN, con las oportunidades de gobierno que han tenido, no se han acercado ni un poco a generar las condiciones para la ciudadanía que se pueden extrapolar a la realidad mexicana desde la definición teórica. La apuesta a futuro es que una presidencia de AMLO, en la que seguramente carecerá de una mayoría de control en el Congreso que le permita imponer la voluntad mesiánica que probablemente sí le caracteriza, sería una oportunidad para que los ciudadanos sigamos ganando más espacios. Esto, definitivamente y por razones obvias, no va a ocurrir bajo una presidencia del PRI o del PAN, donde la violencia, el nepotismo y la corrupción, seguirán coloreando nuestra realidad cotidiana.
Hay que desprendernos de lo que somos, si lo que somos nos distancia de contribuir a un espacio de ciudadanía. Si somos capaces de hacerlo, entonces veremos con más claridad la razón por la cual debemos votar por AMLO.
sábado, mayo 19, 2012
La correlación del "efecto anti-Peña" y el "efecto pro-Josefina"
El episodio del
11 de mayo en el que decenas de alumnos de la Universidad Iberoamericana
prácticamente “echaron” a punta de abucheos al candidato presidencial del PRI
del campus de Santa Fe en la Ciudad de México ha moldeado el carácter del
debate público sobre el actual proceso electoral. El asunto evidencia un proceso
de maduración ciudadana (manifiesta a través de los estudiantes) que ha abierto
de inmediato varios escenarios que obstaculizan el proyecto de las poderosas cúpulas
políticas y empresariales para instalar en la presidencia a Enrique Peña Nieto
(EPN). Estos frentes se identifican, por ejemplo, en las manifestaciones
estudiantiles (p.ej. YO SOY 132) para exigir transparencia informativa a
Televisa y Televisión Azteca, y en el llamado a una marcha nacional “anti EPN”
que tendrá lugar el 26 de mayo. Todo esto tiene, por supuesto, varias aristas (el
asunto es natural e ideológicamente polisémico), y la que me interesa discutir
aquí es la relacionada con su lógica electoral, con el hecho de que el efecto anti-Peña Nieto que vemos con más
claridad desde el 11 de mayo parece funcionar a favor de Josefina Vázquez Mota,
la candidata oficial. El razonamiento es que la proliferación de discursos y
acciones contra EPN en el espacio público simbólico y físico favorecen la
circulación de información y argumentos, y de presión colectiva e interpersonal
para que simpatizantes del carismático político reconsideren o cambien su actitud.
Una vez que esto ocurre, lo normal es esperar un desplazamiento de las
intenciones de voto hacia cualquiera de los candidatos. La idea es que en un
mercado electoral, los simpatizantes actuales del PRI que no forman parte de la
red de intereses partidistas y personales en torno a esta organización, se
inclinarían por dar su voto a la opción política e ideológicamente más cercana
a EPN, o sea, JVM. Aquí inicia el problema.
Por razones
varias, muchos pensamos que un retorno del PRI a la presidencia es un paso
retrograda para nuestra democracia. Sin embargo aquí se abre un dilema en el
sentido de que actuar a favor del efecto
anti-Peña desencadena un efecto
pro-Josefina. Es posible que este último sea voluntario o involuntario y en
este sentido, opera dentro de una lógica electoral. Sin embargo, ser
co-participe del efecto pro-Josefina interactúa
de manera directa con la lógica de continuidad del gobierno de Felipe Calderón,
y por ende, con la política antidrogas que ha significado la muerte de casi
60,000 personas desde finales del 2006. En este contexto, la científica social,
Rossana Reguillo, refiriéndose a la manifestación de estudiantes de la
Universidad Iberoamericana contra EPN, lamentó en su página de Facebook (el 14
de mayo) que “esa conciencia súbita” no alcanzara “para condenar por lo menos a
la otra candidata, que tiene las manos manchadas de sangre y otras cosas... borrar
(es un decir) a EPN de la contienda a través de "sujetos sin tacha",
solamente fortalece a una candidata... no es que no haya que reprochar o bajar
a EPN, lo merece... pero el tema aquí es la estrategia de cara a julio... No me
cuadra...y eso que soy fan de los jóvenes y los estudiantes”.
El razonamiento
de Reguillo es importante debido a que nos pide vigilar el sentido de nuestros
posicionamientos como ciudadanos, de revisar las implicaciones de nuestras
preferencias y acciones con carga política. Mi postura personal es que los ciudadanos informados, con conocimiento de causa (los que lo tienen saben de que estoy hablando), debemos actuar en favor del efecto anti-Peña a pesar del efecto pro-Josefina. La razón es que la maquinaria económica y política de EPN es demasiado poderosa como para andarse con estos miramientos. Y aquí entra la necesidad de desarrollar una estrategia anti-Josefina, lo cual será el objeto de mi próxima reflexión.
sábado, febrero 04, 2012
De la participación cívica en el contexto de las elecciones mexicanas
En un entorno político caracterizado por el escepticismo y la mediocracia, la solidaridad comunicativa es un primer paso hacia un orden político menos primitivo
Gabriel Moreno
Alineados a la perspectiva clásica de la teoría democrática los discursos de las instituciones públicas y mediáticas sugieren que los mexicanos debemos votar en las próximas elecciones para cumplir con nuestras obligaciones ciudadanas. De muestra baste el botón del IFE, que en su sitio en Internet (parafraseando), habla de votar como la expresión de participación ciudadana que hace grande a un país.
Queda claro, sin embargo, que una cantidad significativa de los ciudadanos estamos poco interesados en el voto. En las elecciones presidenciales del 2006, por ejemplo, sólo votó 58% del electorado, lo cual se acompaña en la actualidad de un clima escéptico ejemplificado por el movimiento a favor del “voto nulo”, y que politólogos importantes proponen como una propuesta cívica.
Viene a cuento preguntarse, considerando lo anterior, ¿cuál es el papel de los ciudadanos ante el contexto electoral que domina los encabezados de la comunicación vertical propagada por los medios tradicionales? Para algunos la respuesta no requiere debate: votar es responsabilidad del buen ciudadano.
Sin embargo, ¿cuál es la ruta a seguir para aquellos que consideramos que de la oferta de “presidenciables” no se hace uno? ¿Qué hacemos los que pensamos que la democracia debe caracterizarse antes que nada por gobiernos bajo el control de los ciudadanos?
Creo que el primer paso es construir espacios de ciudadanía que rompan con el esquema participativo de la teoría liberal. En este contexto pueden invocarse las dimensiones social, política, civil y cultural de la ciudadanía (las primeras tres categorizadas por Thomas H. Marshall), para que cada uno de nosotros encontremos en estas dimensiones nuestra forma de hacer ciudadanía.
Se dice fácil, hacerlo es por supuesto un reto lleno de obstáculos, sobre todo cuando problemas como el desempleo, la enfermedad e inseguridad bloquean para muchos la posibilidad de pensar como ciudadanos.
Me parece que un punto de partida hacia una solución es ponerse siempre en “los zapatos del prójimo” (más allá del contexto coyuntural de la metáfora), y a partir de ello participar en una conversación equilibrada en los intereses mutuos de quienes la sostienen.
Este proyecto de solidaridad comunicativa va más allá de ser un buen deseo, se trata de un entendimiento pragmático, que aunque parta de trivialidades conduzca hacia caracterizaciones de ciudadanía menos primitivas que las que actualmente ofrecen las instituciones, grupos y sujetos de interés que montan el espectáculo mediático.
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