sábado, febrero 04, 2012

De la participación cívica en el contexto de las elecciones mexicanas


En un entorno político caracterizado por el escepticismo y la mediocracia, la solidaridad comunicativa es un primer paso hacia un orden político menos primitivo

Gabriel Moreno

Alineados a la perspectiva clásica de la teoría democrática los discursos de las instituciones públicas y mediáticas sugieren que los mexicanos debemos votar en las próximas elecciones para cumplir con nuestras obligaciones ciudadanas. De muestra baste el botón del IFE, que en su sitio en Internet (parafraseando), habla de votar como la expresión de participación ciudadana que hace grande a un país. 

Queda claro, sin embargo, que una cantidad significativa de los ciudadanos estamos poco interesados en el voto. En las elecciones presidenciales del 2006, por ejemplo, sólo votó 58% del electorado, lo cual se acompaña en la actualidad de un clima escéptico ejemplificado por el movimiento a favor del “voto nulo”, y que politólogos importantes proponen como una propuesta cívica

Viene a cuento preguntarse, considerando lo anterior, ¿cuál es el papel de los ciudadanos ante el contexto electoral que domina los encabezados de la comunicación vertical propagada por los medios tradicionales? Para algunos la respuesta no requiere debate: votar es responsabilidad del buen ciudadano. 

Sin embargo, ¿cuál es la ruta a seguir para aquellos que consideramos que de la oferta de “presidenciables” no se hace uno? ¿Qué hacemos los que pensamos que la democracia debe caracterizarse antes que nada por gobiernos bajo el control de los ciudadanos? 

Creo que el primer paso es construir espacios de ciudadanía que rompan con el esquema participativo de la teoría liberal. En este contexto pueden invocarse las dimensiones social, política, civil y cultural de la ciudadanía (las primeras tres categorizadas por Thomas H. Marshall), para que cada uno de nosotros encontremos en estas dimensiones nuestra forma de hacer ciudadanía. 

Se dice fácil, hacerlo es por supuesto un reto lleno de obstáculos, sobre todo cuando problemas como el desempleo, la enfermedad e inseguridad bloquean para muchos la posibilidad de pensar como ciudadanos.  

Me parece que un punto de partida hacia una solución es ponerse siempre en “los zapatos del prójimo” (más allá del contexto coyuntural de la metáfora), y a partir de ello participar en una conversación equilibrada en los intereses mutuos de quienes la sostienen. 

Este proyecto de solidaridad comunicativa va más allá de ser un buen deseo, se trata de un entendimiento pragmático, que aunque parta de trivialidades conduzca hacia caracterizaciones de ciudadanía menos primitivas que las que actualmente ofrecen las instituciones, grupos y sujetos de interés que montan el espectáculo mediático.

jueves, agosto 11, 2011

Redes sociales y disturbios en Inglaterra: La turba ubicua, o de cómo el panóptico se encontró con un espejo


"Verano Inglés"
(Gabriel Moreno, Londres, Inglaterra) . - Si en el pasado reciente el término “flash mob” o “multitud instantánea” hacía referencia a reuniones relámpago de individuos para organizar actividades inusitadas y después dispersarse sin dejar huella, como en la famosa “Guerra de las almohadas” de Madrid, después de los recientes disturbios de este “Verano Inglés” el término nos remite a su expresión más literal, una en la que incendios, destrucción y muerte va acompañada de policías incapaces de controlar a las multitudes, y que nos invita a seguir reflexionando sobre las transformaciones que acompañan al uso de las tecnologías sociales. 

Multitudes de jóvenes se han valido de teléfonos celulares con acceso a Internet, de redes sociales o del simple envío de textos para orquestar los disturbios que han desatado una crisis de violencia e inseguridad en Londres y otras ciudades de Inglaterra. La capacidad de los involucrados de acordar espacios de encuentro para saquear negocios, incendiar y destruir propiedad pública y privada de forma simultánea en diferentes localidades de Londres, y que se ha extendido a ciudades como Manchester, Birmingham, Liverpool, Leeds y Bristol, ha dejado pasmada a la policía británica, generalmente vista como una de las más eficientes del mundo. Con más de 6,000 efectivos desplegados la noche del lunes en Londres, ésta  se vio rebasada por la táctica simple pero abrumadora de lo que podría denominarse como una “turba ubicua”. Valiéndose de la capacidad de comunicación inmediata, ésta muchedumbre se ha hecho fluida, móvil y escurridiza, evadiendo a la policía y replicando actos de destrucción contra los hogares y lugares de trabajo de una cantidad indeterminada de londinenses. El gobierno británico aumentó desde el martes a 16,000 el número de efectivos con el fin de contener los disturbios, pero no queda claro que esta cantidad de policías será sostenible, dado que – entre otras razones – el primer ministro David Cameron insiste en un plan de recorte de 30,000 policías en los próximos cuatro años. Así las cosas, la posibilidad de futuras turbas ubicuas se presenta como un espectro siniestro para los organizadores de los Juegos Olímpicos Londres 2012, si se juzga a partir de la cancelación del partido Inglaterra-Holanda, que hubiera tenido lugar el 9 de agosto en el estadio Wembley de fútbol.  

Para los interesados en el estudio de la comunicación y los medios el fenómeno de las turbas ubicuas carece de precedentes, aunque se le pueda relacionar claramente con la variedad de investigaciones que se ha realizado sobre el uso de las “tecnologías sociales”. La cuestión es inédita porque generalmente, las aplicaciones de lo que Manuel Castells denomina “medios de autocomunicación de masas” son vistas como iniciativas progresivas y democráticas de miembros ordinarios de la sociedad que deciden “tomar al toro por los cuernos” y actuar de manera independiente de las instituciones públicas y privadas. Sí, a menudo va implícita la presencia de elementos de resistencia contra el poder, pero lo que generalmente se destaca en estas perspectivas tiene qué ver con nociones como “inteligencia colectiva”, “surplus cognitivo”, “cultura participativa”, “multitudes inteligentes”, “colaboración en masa”, etcétera, que consistentemente celebran las posibilidades social, cultural y políticamente creativas y constructivas de las tecnologías digitales. 

Claramente, la perspectiva progresiva de las tecnologías sociales tiene validez y poder explicativo. Un ejemplo de relevancia tópica fue ofrecido por Erica Swallow en un artículo de Mashable, el cual relató cómo Facebook y Twitter canalizaron los esfuerzos de miles de londinenses para limpiar las áreas afectadas por los disturbios. De acuerdo a Swallow, "miles de londinenses y simpatizantes de todo el mundo están acudiendo a las redes sociales para ayudar a recuperar las calles de Londres".

De la “Primavera Árabe” al “Verano Inglés”
Los disturbios de los últimos días en Inglaterra, sin embargo, nos piden reflexionar de nuevo en los usos colectivos de las tecnologías de comunicación digital. Por un lado, esta reflexión debe abonar a los puntos de vista sobre sus aplicaciones en una dimensión colectiva. A saber, están los usos sociales progresivos, ya planteados; los revolucionarios, materializados con gran claridad en la serie de revueltas en el mundo árabe de hace unos meses (la llamada “Primavera Árabe”) y en movilizaciones políticas en un sinfín de contextos nacionales, que han dado forma al llamado "movimiento mundial celular". Después, podríamos ubicar la modalidad de “desobediencia civil” o “anárquica”, en las que caben los episodios de la turba ubicua del presente “Verano Inglés”. Esta última, a diferencia de las perspectivas progresivas y revolucionarias, está caracterizada no por una sociedad activa que reclama sus espacios o que cuestiona al poder, sino por la presencia de un conflicto inherente al tejido social. En esta variedad, grupos relativamente marginados se vierten contra los intereses públicos y privados, usando herramientas que la llamada sociedad de la información ha puesto a su alcance para demostrar su desconexión de la sociedad misma (las razones, enojo, resentimiento, oportunismo o “pura criminalidad”, como lo han explicado los políticos británicos, son harina que no cabe en el pequeño costal de esta reflexión). 

Grietas en el panóptico: cuando los muchos observan a los pocos
Conviene tomar en cuenta la perspectiva de “desobediencia civil” o “anárquica” revelada por la turba ubicua del verano inglés no sólo porque añade a la clasificación de los usos socio-colectivos de los medios digitales, sino además porque marca un hito en la aplicación del paradigma tradicional de vigilancia que ha permitido a los gobiernos mantener el control de las poblaciones sobre las que supuestamente preside. Dicho paradigma está basado en los “discursos disciplinarios” tratados entre otros por Michel Foucault. Mediante esos discursos, los grupos que controlan las instituciones sociales (las iglesias, escuelas, hospitales, cárceles, etcétera), ejercen el control de las mayorías sometidas a los intereses hegemónicos. Uno de los dispositivos emblemáticos puestos al servicio de la gobernabilidad de las muchedumbres a manos de las minorías privilegiadas ha sido el llamado "Panóptico", una estructura carcelaria que como Wikipedia describe con claridad, permite a unos pocos guardias observar a los prisioneros, sin que éstos sepan si están siendo observados o no.

Jacques Lacan, en su conceptualización psicoanalítica sobre “la mirada”, ha afirmado que los individuos en sociedad sienten ansiedad y pierden autonomía a medida que se hacen conscientes de que están siendo mirados. En conexión a lo anterior, como Foucault ha articulado en “El Ojo del Poder”, las instituciones del estado han desarrollado mecanismos similares al panóptico que permanentemente someten a los ciudadanos a una mirada vigilante que puede ser real o imaginaria, pero que de manera efectiva las sujeta al orden establecido. En este contexto, Londres sería una de las ciudades panópticas por excelencia donde la omnipresencia de cámaras de video significa que la imagen de un individuo cualquiera que transita en las calles de la urbe es capturada 200 o más veces por día. De hecho, es común encontrar en Londres un sinfín de avisos advirtiendo de la presencia de videocámaras que lo mantienen a uno tan seguro como vigilado. 

Después de los disturbios del lunes pasado en Londres, sin embargo, puede pensarse que la efectividad del panóptico comienza a sucumbir. Los dispositivos de vigilancia, antes reservados a la minoría dominante y a las instituciones que la defienden, ahora también están en las manos de las mayorías. En los últimos días, especialistas en seguridad han repetido lo complejo que ha sido para la policía británica tratar con una variedad de disturbios simultáneos y geográficamente dispersos. Cubiertos bajo la obscuridad del anochecer inglés y el anonimato de las multitudes, los participantes salen animados a delinquir, pues entienden que la policía no puede estar en todos los lugares al mismo tiempo. 

Ciertamente, mediante el uso de cámaras de video decenas de ellos comienzan a  ser identificados y muchos incluso ya han recibido condena en las cortes británicas. Además, Research in Motion, la fabricante del BlackBerry y de la aplicación de mensajería celular BlackBerry Messenger, ofreció a las autoridades ayudar a detectar los teléfonos desde los cuales se enviaron mensajes vinculados con los disturbios.
Recientemente, la fabricante de la computadora MacBook y del popular iPhone, Apple, anunció que incorporará una función para apagar las videocámaras de sus teléfonos inteligentes, y así evitar que los asistentes a conciertos graben videos no oficiales de eventos en vivo. De hecho, una coalición denominado SaveTheInternet.com hizo un llamado en Internet para reunir firmas en contra de esta iniciativa, que dijo, amenaza el poder democratizador que estos aparatos proporcionan supuestamente a sus propietarios, entre ellos, los miles de árabes que los han empleado para denunciar los abusos de sus gobiernos. "Esta tecnología también dará a los tiranos el poder de bloquear el flujo de videos de protesta y represión contra sus ciudadanos de manera impune".

Plano del "Panóptico" de Jeremy Bentham (fuente: Wikipedia)
Los disturbios del verano inglés nos dan un nuevo tipo de tela de donde cortar para discutir los usos de las tecnologías sociales. En este caso, la noción de la “turba ubicua”, que sería una acepción literal de la expresión “flash mobs”, hace más complejo el debate sobre las tecnologías sociales, y presenta un ejemplo claro de cómo las mismas subvierten en cierta medida la relación tradicional entre la minoría “observadora” y la mayoría “observada”.

martes, agosto 17, 2010

Tecnología social para atajar los problemas de México


Ushahidi permitiría un monitoreo ciudadano del ejercicio de la función pública
Gabriel Moreno (Guadalajara, México) . – La creatividad es una característica que a menudo se asocia con los pueblos latinoamericanos. Pienso en la salsa, el mambo, el chachachá, el tango, en Cantinflas y Chespirito, en los muralistas mexicanos, en Frida Kahlo, en Remedios Varo – nacida en España pero formada artísticamente en México –, en Sor Juana Inés de la Cruz, en las mitologías pre-columbinas como el Popol Vuh, por citar algunos ejemplos. No hay duda que la región es una fuente de genio e imaginación, y sería útil que fuéramos capaces de invocar este capital para atender los obstáculos que enfrentan países como el nuestro.

El auge de las redes de comunicación digital y el acceso a las llamadas tecnologías sociales – como Facebook – son una oportunidad para canalizar la energía creadora que nos caracteriza a los mexicanos. Sería ideal que esta energía se oriente hacia acciones que fortalezcan a la ciudadanía de frente a políticos y partidos que – seguramente con algunas escasas excepciones – se caracterizan por su incompetencia, su afán de servirse a sí mismos, su falta de visión y compromiso social.

Un concepto que puede servir para desarrollar una plataforma de organización y acción ciudadana a gran escala es el de crowdsourcing, que en una de sus acepciones se refiere a la utilización de las tecnologías sociales como una forma de potenciar el poder colectivo de la sociedad. Hasta el momento, las tecnologías Web 2.0 y 3.0 han sido utilizadas principalmente para promover un mercado de ideas dispersas y desorganizadas, que funcionan bajo una lógica compatible con el modelo comercial de los medios de comunicación masiva. Es deseable por lo tanto que un grupo o grupos de ciudadanos comprometidos y preocupados con lo que pasa en el país comiencen a explorar formas de explotación de las tecnologías sociales que no estén controladas por ninguna elite empresarial, y mucho menos por políticas públicas diseñadas por los partidos para evitar a toda costa el surgimiento de una sociedad madura que los obligue a rendir cuentas.

Formas de crowdsourcing en México han sido empleadas con diferentes resultados en el pasado reciente, por ejemplo en el llamado “movimiento anulacionista” de rechazo al voto en las elecciones intermedias de Julio del 2009, y a través de la campaña “Internet necesario” que a finales del 2009 pasado sumó voces de diferentes sectores de la sociedad que frenaron una iniciativa para gravar fiscalmente los servicios de acceso a Internet. Estas experiencias, independientemente de sus motivaciones y resultados, dan razones para creer que acciones de crowdsourcing dirigidas por personas interesadas en el bien colectivo podrían servir para generar cambios significativos que contribuyan a frenar el constante deterioro político, de seguridad, ambiental y urbano que sufre el país.

Hay dos ejemplos de tecnología social, de muchos otros, que en la actualidad se están aplicando de manera exitosa. El primero es Ushahidi, una plataforma basada en Internet desarrollada para que ciudadanos de Kenia contribuyeran a reportar brotes de violencia inter-étnica debido a tensiones pre-electorales en diciembre del 2007. El sistema funciona de forma similar a Facebook; está diseñado para capturar texto, fotografías y video ingresados por computadora o teléfono móvil ligados a zonas geográficas específicas. Un estudio de la Kennedy School of Government (Harvard) encontró que los reportes hechos por Ushahidi habían servido para advertir sobre brotes de violencia desde el momento de su inicio, mientras que los medios masivos de comunicación sólo los reportaron una vez que ya habían ocurrido (Applegarth & Block, 2009: 50). Los programadores de Ushahidi han hecho disponible la plataforma para su aplicación en todo el mundo. En México se utilizó el año pasado como una forma de monitoreo electoral a través de la iniciativa “¡Cuidemos el voto!”, y la organización Louisiana Bucket Brigade la echó a andar para monitorear el daño provocado por el derrame de petróleo provocada por British Petrol en el Golfo de México.
Otro buen ejemplo de tecnología por Internet con potencial de beneficio social está presente en el caso de PickupPal, que prácticamente conecta a personas de Estados Unidos interesadas en “vender” o utilizar servicios de “Carpooling” o viaje compartido en automóvil. Mientras que la utilización de este sitio promueve la creación de un mercado de “Carpooling” la consecuencia es que menos personas utilizan su vehículo, se aprovecha la infraestructura destinada para esta modalidad de transporte (el carril para carpool existente en las freeways), y se reduce el congestionamiento vehicular, la contaminación, etc.

El punto es que Ushahidi y PickupPal permiten pensar en un sinfín de aplicaciones que bien desarrolladas y con la participación de muchas personas, podrían fortalecer la capacidad ciudadana de los mexicanos, ofreciendo por ejemplo una plataforma permanente para la vigilancia y el monitoreo de la función pública, y para atajar los problemas del congestionamiento vehicular en las ciudades del país. Por supuesto, ante el plan de echar a andar proyectos de esta naturaleza emergerían retos y problemas. La existencia de una herramienta de vigilancia anti-corrupción disponible para todo el mundo se prestaría a denuncias injustificadas, parte de tensiones y riñas entre particulares. Y un canal organizado de carpooling necesitaría generar confianza entre sus usuarios, dada la alta criminalidad en el país. Una solución de viajes compartidos también pisaría los intereses de diputados y líderes sindicales que controlan la concesión de rutas de transporte y taxis, por lo que seguramente enfrentaría toda clase de obstáculos y presiones políticas.

A estas y otras posibilidades de que las cosas salgan mal debe dedicarse tiempo y esfuerzo, pero la tecnología ahí está, y las ideas, no nos faltan.




domingo, enero 24, 2010

Relanzamiento de Mexicopolis: lo cotidiano, y el más allá

Gabriel Moreno (Guadalajara, México) . - Este relanzamiento de Mexicopolis coincide con mi regreso a México, a la ciudad de Guadalajara, casi seis años después de haber salido del país. El momento es idóneo porque al iniciar una nueva etapa de mi vida personal y profesional, encuentro a una ciudad con virtudes (gente capaz y trabajadora, una decente vida cultural, infraestructura relativamente desarrollada) y defectos (inseguridad, drogadicción, inmadurez cívica) que en mi punto de vista son reflejo de una realidad mexicana que puede ser capturada desde el relato simple, más no simplista, de la cotidianidad. Mi motivación para escribir pues será dejar un recuento de la vida diaria, un fenómeno que al estar marcado por las rutinas de la vida moderna provoca tedio, y hasta indiferencia. Pero en años recientes me he convencido de que en la cotidianidad se teje el sentido de nuestra existencia individual y colectiva. En la cotidianidad está lo pequeño y lo grande, y en la actualidad, ésta se compone de lo que ocurre a nuestro alrededor en interacción con el “más allá”. Está relación es a menudo descrita como una interacción entre lo “local” y lo “global”. Con la escritura de Mexicopolis buscaré pues reflexionar en los vínculos entre la realidad de mi vida cotidiana y lo que ocurre en otros lugares.

Conviene decir que este relanzamiento de Mexicopolis se da de frente a las tensiones que resultan de ser un participante en la llamada “blogósfera”. Ésta a menudo se vincula con la noción del “periodismo ciudadano”, que requiere una variedad de recursos económicos (tiempo), intelectuales (investigación y análisis) y emocionales (interacción social) que en su conjunto dejan más costos que beneficios, por lo menos a nivel individual. Sé que muchos han tenido reflexiones similares, y en mi caso, hasta hoy comienzo a resolver una tensión que se acumuló por años, entre mi necesidad de escribir por gusto y la de escribir como una condición de mi profesión como investigador académico en el área de la comunicación. En adelante pues, Mexicopolis será una ventana a relatos, observaciones, y otras ideas que surjan como resultado de la cotidianeidad.  Después de todo, creo que este es un entendimiento más realista de las posibilidades del blog.

sábado, octubre 24, 2009

México en manos de la escoria: por Internet

La desconfianza y escepticismo de los mexicanos en los políticos tiene bastante tela de dónde cortar. En Internet, circula un catálogo de reportes, videos y fotografías que evidencian a la clase política que controla el destino del país. Para botón de muestra está Cristián Vargas Sánchez, legislador del PRI en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF). Una nota de El Universal, reportó el 23 de octubre que el diputado ha hecho a su madre víctima de insultos verbales y amenazas de violencia física. Para no dejar dudas de la clase de escoria que este sujeto es, el diputado ha destruido propiedad pública en las mismas instalaciones de la ALDF. Si su madre ya es víctima de este potencial delincuente, ¿por qué los ciudadanos del DF, y del resto del país, también lo tenemos que ser?

domingo, octubre 04, 2009

Cómo detener la guerra de las drogas


Traducción del artículo publicado por The Economist

Marzo 5 de 2009


La prohibición ha fallado; la legalización es el menor de los males


Hace cien años un grupo de diplomáticos extranjeros se reunió en Shanghái en el primer esfuerzo internacional de la historia para prohibir el comercio de narcóticos. El 26 de febrero de 1909 acordaron crear la Comisión Internacional del Opio (IOC, por sus siglas en inglés), sólo unas décadas después de que Gran Bretaña declarara la guerra a China a fin de mantener sus envíos de opio a este país. Desde la creación de la IOC muchas declaraciones y leyes se han hecho para prohibir sustancias que alteran el ánimo. Hacia 1998 la Asamblea General de las Naciones Unidas comprometió a los países agremiados a alcanzar “un mundo libre de las drogas” y a “eliminar o reducir significativamente” la producción de opio, cocaína y cannabis para el año 2008.


Tal es el tipo de promesas que los políticos adoran hacer. Éstas alivian el pánico moral que ha acompañado a la prohibición desde hace un siglo. Su objetivo es tranquilizar a los padres de adolescentes de todo el mundo. Sin embargo, es una promesa altamente irresponsable, porque no puede ser cumplida.


La próxima semana ministros de todo el mundo se reunirán en Viena para establecer la política internacional que se tomará ante las drogas durante la próxima década. Posando como generales de la Primera Guerra Mundial, muchos asegurarán que todo lo que se necesita es seguir igual. Sin embargo, la guerra contra las drogas ha sido un desastre que ha creado estados fallidos en los países en vías de desarrollo, mientras que las tasas de adicción han florecido en el mundo desarrollado. Para cualquiera que tenga criterio esta lucha de 100 años ha demostrado estrechez mental, gusto por la violencia sangrienta, y ausencia de metas claras. Esta es la razón por la que The Economist sigue creyendo que legalizar las drogas es la alternativa menos negativa.


“Menos negativa” no significa que sea buena. La legalización, que claramente es en beneficio de los países productores, traería diferentes riesgos a los países consumidores. Como afirmaremos más adelante, muchos consumidores de drogas sufrirían. Pero desde nuestra perspectiva, los beneficios rebasarían a los perjuicios.


Evidencia del fracaso


La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) ha dejado de hacer referencia a un mundo sin drogas. Su alarde es que el mercado de las drogas se ha “estabilizado”, lo que significa que más de 200 millones de personas, o casi 5% de la población adulta del planeta, sigue consumiendo narcóticos ilegales. Esta es más o menos la misma proporción de hace diez años. (Como la mayoría de las estadísticas oficiales sobre narcóticos, ésta es una especulación educada, debido a que el rigor en la obtención de evidencia es otra víctima de la prohibición). La producción de cocaína y opio es probablemente la misma que hace una década, mientras que la de cannabis ha incrementado.


El consumo de cocaína ha declinado gradualmente en Estados Unidos, de su pico a inicios de los ochentas, pero la tendencia está desequilibrada debido a que su demanda va en aumento en Europa y otros lugares. Esto no es por falta de ganas o esfuerzo. Tan sólo Estados Unidos gasta más de 40,000 millones de dólares cada año tratando de eliminar el abastecimiento de drogas, y arresta a 1.5 millones de ciudadanos cada año por ofensas relacionadas con éstas, encarcelando a unos 500,000. El endurecimiento de las leyes es la razón por la cual uno de cada 5 estadounidenses de color negro termina tras las rejas. En el mundo en desarrollo la sangre está corriendo de manera escalofriante. En México, más de 800 policías y soldados han sido asesinados desde diciembre de 2006, con un número promedio anual de 6,000 víctimas mortales.


Paradójicamente la prohibición vicia el esfuerzo de quienes combaten el tráfico. El precio de una substancia ilegal es determinado más por el costo de distribución que por el de producción. Tómese como ejemplo la cocaína: el consumidor paga cien veces su costo de producción. Mientras que las fumigaciones que hacen los ejércitos para exterminar las plantaciones provoca que el precio de la hoja de coca se cuadruplique, estas acciones carecen de impacto en los precios al menudeo, que son establecidos principalmente por el riesgo que se toma en el trasiego y distribución a las calles de Europa y Estados Unidos.


Actualmente los zares antidrogas presumen capturar casi la mitad de la cocaína que es producida. El precio en las calles de Estados Unidos parece haber aumentado, mientras que la pureza ha disminuido, particularmente en el último año. No está claro, sin embargo, que la demanda cae a medida que los precios aumentan. Por el otro lado, hay suficiente evidencia de que el negocio del narcotráfico se adapta con rapidez a la interrupción del abasto. En el mejor de los casos, la represión más efectiva simplemente fuerza un cambio en los sitios de producción. Es así que la producción de opio ha migrado de Turquía y Tailandia a Myanmar y al sur de Afganistán, indirectamente debilitando los esfuerzos occidentales para vencer a los talibanes.


Al Capone, pero en escala global


De hecho, lejos de reducir la criminalidad, la prohibición ha promovido la actividad gansteril de una forma jamás vista. De acuerdo a las quizás infladas estimaciones de la ONU, el valor de mercado de las drogas ilegales es de unos 320,000 millones de dólares. En Occidente, los drogadictos son tratados como delincuentes, sin que necesariamente lo sean (el actual presidente de Estados Unidos pudo haber terminado en la cárcel por sus experimentos de la juventud con cocaína). La prohibición también hace a las drogas más peligrosas, debido a que los dependientes compran cocaína y heroína altamente adulteradas. Muchos también usan agujas infectadas para inyectarse, transmitiendo el VIH; los desafortunados que sucumben al “crack” o a la meta-anfetamina quedan marginados de la sociedad, quedando a merced de sus proveedores. Es en países en vías de desarrollo donde se está pagando el precio más alto de la prohibición.


Una democracia relativamente desarrollada como lo es México se encuentra ahora en una lucha de vida o muerte contra los criminales. Oficiales estadounidenses, incluido un ex dirigente de la lucha antidrogas, han manifestado temor de manera pública ante el prospecto de tener a un “narco estado” como país vecino.


El fracaso de la guerra antinarcóticos ha llevado a que algunos de los líderes más arrojados, especialmente de Europa y Latinoamérica, sugieran un cambio de estrategia que en vez de encarcelar a los usuarios se concentre en darles acceso a servicios públicos de rehabilitación, y en reducir el daño potencial, distribuyendo por ejemplo agujas nuevas. Este enfoque pondría más énfasis en la educación pública y el tratamiento a adictos, mientras que reduciría la presión a campesinos que cultivan la coca, y a usuarios de drogas “blandas”. Tal sería un paso positivo. Sin embargo es probable que carecerá de financiamiento adecuado y descuida el problema del crimen organizado.


La legalización se desharía de los gánsteres, y haría que las drogas pasaran de ser un asunto de ley y orden constitucional a uno de salud pública. Los drogadictos serían tratados como enfermos, no como delincuentes. En este contexto los gobiernos regularían el comercio de narcóticos, recaudarían impuestos y ahorrarían miles de millones en financiar la guerra contra el narco, quedando libres de usar esos recursos en educación y tratamiento. La venta a menores de edad seguiría prohibida. Cada narcótico quedaría bajo un distinto régimen fiscal. El sistema sería imperfecto, requeriría constante monitoreo. Los precios después de impuestos serían fijados a un nivel que buscaría equilibrio entre la necesidad de desestimular la demanda por un lado, y por el otro, la de evitar la creación de un mercado clandestino, y de actos desesperados tales como el robo y la prostitución, en los que se involucran los adictos a fin de satisfacer sus hábitos de consumo.


Con todos sus defectos, es viable hacer que este sistema sea aceptado por las sociedades en países productores de drogas, donde el crimen organizado es el problema central de la cuestión. Lo difícil es “vender” la idea a los países consumidores, donde la adicción es la principal lucha política. Muchos padres de familia en Estados Unidos podrán aceptar que la legalización sea la respuesta adecuada para los pueblos de América Latina, Asia y África; es posible incluso que vean los beneficios que esto tendría en el contexto de la lucha contra el terrorismo. Sin embargo, su principal temor tiene qué ver con sus propios hijos. Este miedo está basado en gran medida sobre la presunción de que más personas consumirían drogas en un régimen de legalización. Esta suposición es sin embargo errónea. No existe correlación entre la dureza de las leyes y la incidencia del consumo de drogas. Los ciudadanos que viven en regímenes antinarcóticos estrictos como Estados Unidos y Gran Bretaña, consumen más drogas, no menos. Con la cola entre las patas, los líderes de la lucha antidrogas atribuyen este hecho a las diferencias culturales, pero incluso en países similares los reglamentos estrictos tienen escaso impacto en el número de adictos: la estricta Suecia y la más liberal Noruega, por ejemplo, tienen exactamente las mismas tasas de adicción. Puede que la legalización reduzca tanto el abasto como la demanda. Nadie lo sabe con certeza. Es improbable que caerá la venta de un producto más barato, más seguro y que esté disponible en el mercado. De hecho, cualquier proponente honesto de la legalización debe estar preparado para aceptar que el consumo de drogas en general aumentará.


Pero existen dos razones principales para argumentar que la prohibición a las drogas debe ser eliminada. La primero es de corte liberal en principio. Aunque algunos narcóticos ilegales son extremadamente peligrosos la mayoría no lo son (el tabaco es por ejemplo más adictivo que virtualmente cualquier otra droga). La mayoría de los consumidores de drogas ilegales, incluida la cocaína e incluso la heroína, son usuarios ocasionales. Las toman porque obtienen placer de éstas, al igual que disfrutan un whisky o un Marlboro Light. No es la función del Estado hacer que dejen de disfrutar. ¿Y qué hay sobre la adicción? Esta queda en parte cubierta por el primer argumento, dado que el daño implícito es principalmente sufrido por el usuario. Claro está que la adicción también inflige dolor en las familias y sobre todo en los hijos de cualquier adicto, e involucra mayores costos sociales. Esta es la razón por la cual desalentar la adicción y tratarla debe ser la prioridad de la política antidrogas. De aquí que el segundo argumento es que la legalización ofrece una oportunidad verdadera para tratar las adicciones.


Al difundir información honesta sobre los riesgos sanitarios representados por diversas drogas, y al ponerles un precio de mercado que refleje esos riesgos, los gobiernos pueden persuadir a los consumidores que si tienen que drogarse, lo hagan con las sustancias menos dañinas. La prohibición ha fracasado en prevenir la proliferación de drogas sintéticas producidas en laboratorios. La legalización por lo tanto podría alentar a las firmas farmacéuticas a que intenten depurar las sustancias que la gente consume. Los recursos obtenidos por los impuestos y aquellos destinados para el aparato de represión permitirían a los gobiernos garantizar la disponibilidad de tratamiento para los adictos, lo que constituye una manera de convertir a la legalización en una solución menos amarga para los sectores sociales más conservadores. El éxito que los países desarrollados han conseguido al reducir el consumo de tabaco, que está similarmente sujeto a impuestos y regulación, es un precedente en el que pueden fincarse las esperanzas.


¿Una apuesta calculada o un siglo más de fracaso?


Esta publicación escribió en favor de la legalización hace 20 años. En vista de la evidencia más reciente, la prohibición parece aún más dañina, especialmente para los pobres y débiles de este planeta. La legalización no sacará por completo a los criminales del mercado de las drogas. Como con el alcohol y los cigarros, siempre se pueden evitar impuestos y torcer las reglas del juego. Tampoco curará automáticamente a estados fallidos como Afganistán. La solución es problemática, pero dado que hemos desperdiciado un siglo tratando de prohibirlas, es hora de intentar el camino de la legalización.

martes, agosto 04, 2009

El 5 de Julio: la alternancia perversa

La victoria del PRI en las elecciones intermedias del 5 de julio deja la sensación de que los mexicanos estamos relativamente bien habituados a una alternancia política sin sobresaltos. Bien por México en este sentido. Ser testigos de la tunda que recibió el PAN es también razón de gozo, pues este partido parece no haber entendido que en una democracia se gobierna para todos, y no para los grupúsculos provincianos que le hacen la corte. Casi podría apostar que el PAN perderá también la presidencia en el 2012, pues el panorama actual y futuro previsible permiten aventurar que el sexenio de Felipe Calderón enfrenta ya su ocaso. Lejos de alegrarse por una previsible victoria del PRI hay que decir que la sociedad debe vigilar con celo las acciones de este partido en las congresos locales y federal donde será ahora la facción dominante. Es claro que sus ambiciones de recuperar la presidencia irán encaminadas a bloquear cualquier forma de progreso para el país que pueda interpretarse como un acierto de la actual administración.