jueves, agosto 11, 2011

Redes sociales y disturbios en Inglaterra: La turba ubicua, o de cómo el panóptico se encontró con un espejo


"Verano Inglés"
(Gabriel Moreno, Londres, Inglaterra) . - Si en el pasado reciente el término “flash mob” o “multitud instantánea” hacía referencia a reuniones relámpago de individuos para organizar actividades inusitadas y después dispersarse sin dejar huella, como en la famosa “Guerra de las almohadas” de Madrid, después de los recientes disturbios de este “Verano Inglés” el término nos remite a su expresión más literal, una en la que incendios, destrucción y muerte va acompañada de policías incapaces de controlar a las multitudes, y que nos invita a seguir reflexionando sobre las transformaciones que acompañan al uso de las tecnologías sociales. 

Multitudes de jóvenes se han valido de teléfonos celulares con acceso a Internet, de redes sociales o del simple envío de textos para orquestar los disturbios que han desatado una crisis de violencia e inseguridad en Londres y otras ciudades de Inglaterra. La capacidad de los involucrados de acordar espacios de encuentro para saquear negocios, incendiar y destruir propiedad pública y privada de forma simultánea en diferentes localidades de Londres, y que se ha extendido a ciudades como Manchester, Birmingham, Liverpool, Leeds y Bristol, ha dejado pasmada a la policía británica, generalmente vista como una de las más eficientes del mundo. Con más de 6,000 efectivos desplegados la noche del lunes en Londres, ésta  se vio rebasada por la táctica simple pero abrumadora de lo que podría denominarse como una “turba ubicua”. Valiéndose de la capacidad de comunicación inmediata, ésta muchedumbre se ha hecho fluida, móvil y escurridiza, evadiendo a la policía y replicando actos de destrucción contra los hogares y lugares de trabajo de una cantidad indeterminada de londinenses. El gobierno británico aumentó desde el martes a 16,000 el número de efectivos con el fin de contener los disturbios, pero no queda claro que esta cantidad de policías será sostenible, dado que – entre otras razones – el primer ministro David Cameron insiste en un plan de recorte de 30,000 policías en los próximos cuatro años. Así las cosas, la posibilidad de futuras turbas ubicuas se presenta como un espectro siniestro para los organizadores de los Juegos Olímpicos Londres 2012, si se juzga a partir de la cancelación del partido Inglaterra-Holanda, que hubiera tenido lugar el 9 de agosto en el estadio Wembley de fútbol.  

Para los interesados en el estudio de la comunicación y los medios el fenómeno de las turbas ubicuas carece de precedentes, aunque se le pueda relacionar claramente con la variedad de investigaciones que se ha realizado sobre el uso de las “tecnologías sociales”. La cuestión es inédita porque generalmente, las aplicaciones de lo que Manuel Castells denomina “medios de autocomunicación de masas” son vistas como iniciativas progresivas y democráticas de miembros ordinarios de la sociedad que deciden “tomar al toro por los cuernos” y actuar de manera independiente de las instituciones públicas y privadas. Sí, a menudo va implícita la presencia de elementos de resistencia contra el poder, pero lo que generalmente se destaca en estas perspectivas tiene qué ver con nociones como “inteligencia colectiva”, “surplus cognitivo”, “cultura participativa”, “multitudes inteligentes”, “colaboración en masa”, etcétera, que consistentemente celebran las posibilidades social, cultural y políticamente creativas y constructivas de las tecnologías digitales. 

Claramente, la perspectiva progresiva de las tecnologías sociales tiene validez y poder explicativo. Un ejemplo de relevancia tópica fue ofrecido por Erica Swallow en un artículo de Mashable, el cual relató cómo Facebook y Twitter canalizaron los esfuerzos de miles de londinenses para limpiar las áreas afectadas por los disturbios. De acuerdo a Swallow, "miles de londinenses y simpatizantes de todo el mundo están acudiendo a las redes sociales para ayudar a recuperar las calles de Londres".

De la “Primavera Árabe” al “Verano Inglés”
Los disturbios de los últimos días en Inglaterra, sin embargo, nos piden reflexionar de nuevo en los usos colectivos de las tecnologías de comunicación digital. Por un lado, esta reflexión debe abonar a los puntos de vista sobre sus aplicaciones en una dimensión colectiva. A saber, están los usos sociales progresivos, ya planteados; los revolucionarios, materializados con gran claridad en la serie de revueltas en el mundo árabe de hace unos meses (la llamada “Primavera Árabe”) y en movilizaciones políticas en un sinfín de contextos nacionales, que han dado forma al llamado "movimiento mundial celular". Después, podríamos ubicar la modalidad de “desobediencia civil” o “anárquica”, en las que caben los episodios de la turba ubicua del presente “Verano Inglés”. Esta última, a diferencia de las perspectivas progresivas y revolucionarias, está caracterizada no por una sociedad activa que reclama sus espacios o que cuestiona al poder, sino por la presencia de un conflicto inherente al tejido social. En esta variedad, grupos relativamente marginados se vierten contra los intereses públicos y privados, usando herramientas que la llamada sociedad de la información ha puesto a su alcance para demostrar su desconexión de la sociedad misma (las razones, enojo, resentimiento, oportunismo o “pura criminalidad”, como lo han explicado los políticos británicos, son harina que no cabe en el pequeño costal de esta reflexión). 

Grietas en el panóptico: cuando los muchos observan a los pocos
Conviene tomar en cuenta la perspectiva de “desobediencia civil” o “anárquica” revelada por la turba ubicua del verano inglés no sólo porque añade a la clasificación de los usos socio-colectivos de los medios digitales, sino además porque marca un hito en la aplicación del paradigma tradicional de vigilancia que ha permitido a los gobiernos mantener el control de las poblaciones sobre las que supuestamente preside. Dicho paradigma está basado en los “discursos disciplinarios” tratados entre otros por Michel Foucault. Mediante esos discursos, los grupos que controlan las instituciones sociales (las iglesias, escuelas, hospitales, cárceles, etcétera), ejercen el control de las mayorías sometidas a los intereses hegemónicos. Uno de los dispositivos emblemáticos puestos al servicio de la gobernabilidad de las muchedumbres a manos de las minorías privilegiadas ha sido el llamado "Panóptico", una estructura carcelaria que como Wikipedia describe con claridad, permite a unos pocos guardias observar a los prisioneros, sin que éstos sepan si están siendo observados o no.

Jacques Lacan, en su conceptualización psicoanalítica sobre “la mirada”, ha afirmado que los individuos en sociedad sienten ansiedad y pierden autonomía a medida que se hacen conscientes de que están siendo mirados. En conexión a lo anterior, como Foucault ha articulado en “El Ojo del Poder”, las instituciones del estado han desarrollado mecanismos similares al panóptico que permanentemente someten a los ciudadanos a una mirada vigilante que puede ser real o imaginaria, pero que de manera efectiva las sujeta al orden establecido. En este contexto, Londres sería una de las ciudades panópticas por excelencia donde la omnipresencia de cámaras de video significa que la imagen de un individuo cualquiera que transita en las calles de la urbe es capturada 200 o más veces por día. De hecho, es común encontrar en Londres un sinfín de avisos advirtiendo de la presencia de videocámaras que lo mantienen a uno tan seguro como vigilado. 

Después de los disturbios del lunes pasado en Londres, sin embargo, puede pensarse que la efectividad del panóptico comienza a sucumbir. Los dispositivos de vigilancia, antes reservados a la minoría dominante y a las instituciones que la defienden, ahora también están en las manos de las mayorías. En los últimos días, especialistas en seguridad han repetido lo complejo que ha sido para la policía británica tratar con una variedad de disturbios simultáneos y geográficamente dispersos. Cubiertos bajo la obscuridad del anochecer inglés y el anonimato de las multitudes, los participantes salen animados a delinquir, pues entienden que la policía no puede estar en todos los lugares al mismo tiempo. 

Ciertamente, mediante el uso de cámaras de video decenas de ellos comienzan a  ser identificados y muchos incluso ya han recibido condena en las cortes británicas. Además, Research in Motion, la fabricante del BlackBerry y de la aplicación de mensajería celular BlackBerry Messenger, ofreció a las autoridades ayudar a detectar los teléfonos desde los cuales se enviaron mensajes vinculados con los disturbios.
Recientemente, la fabricante de la computadora MacBook y del popular iPhone, Apple, anunció que incorporará una función para apagar las videocámaras de sus teléfonos inteligentes, y así evitar que los asistentes a conciertos graben videos no oficiales de eventos en vivo. De hecho, una coalición denominado SaveTheInternet.com hizo un llamado en Internet para reunir firmas en contra de esta iniciativa, que dijo, amenaza el poder democratizador que estos aparatos proporcionan supuestamente a sus propietarios, entre ellos, los miles de árabes que los han empleado para denunciar los abusos de sus gobiernos. "Esta tecnología también dará a los tiranos el poder de bloquear el flujo de videos de protesta y represión contra sus ciudadanos de manera impune".

Plano del "Panóptico" de Jeremy Bentham (fuente: Wikipedia)
Los disturbios del verano inglés nos dan un nuevo tipo de tela de donde cortar para discutir los usos de las tecnologías sociales. En este caso, la noción de la “turba ubicua”, que sería una acepción literal de la expresión “flash mobs”, hace más complejo el debate sobre las tecnologías sociales, y presenta un ejemplo claro de cómo las mismas subvierten en cierta medida la relación tradicional entre la minoría “observadora” y la mayoría “observada”.