sábado, febrero 07, 2009

Resignificar a la izquierda: pobreza de ideas = pobreza material


Gabriel Moreno (Londres) . – La crisis actual que sufre el capitalismo global representa una oportunidad para que una izquierda dé a luz a una filosofía progresista que guie el pensamiento de las nuevas generaciones. Esto dependerá, sin embargo, de que los actores sociales que tradicionalmente han rechazado las ideas del neoliberalismo, contribuyan a la creación de un discurso productivo. Creo que aportar a este nuevo discurso es una responsabilidad de la ciudadanía, que a su vez servirá para dejar atrás el obstruccionismo dogmático de la izquierda retrograda encarnada en personajes como Andrés Manuel López Obrador en México, o como Hugo Chávez en Venezuela, pues representan un obstáculo para el progreso sostenido de los pueblos.

Esta semana he acudido a una mesa de discusión titulada Encuentro con Stuart Hall. Hall es uno de los tres fundadores de la escuela de Estudios Culturales en Gran Bretaña. El evento finalizó con una intervención del mismo Hall, un hombre que a sus 77 años goza de un vigor intelectual que fascina y se contagia (desgraciadamente el contagio sólo dura unos pocos minutos). El asunto es que, entre las muchas ideas que expresó, el jamaiquino hizo énfasis en que toda significación simbólica es la encarnación de una lucha por los recursos materiales y los medios de producción que sostienen con vida a una sociedad.

Palabras más, palabras menos, Hall dijo que proyectos neoliberales como el Thatcherismo, supieron utilizar las coyunturas de la historia para articular ideas que eran razonables a los oídos de una variedad de distintos actores sociales. "Nadie en sus cinco sentidos podía objetar las ideas de libertad y progreso que eran corolarios del libre mercado y la erradicación del estado paternalista", dijo. En otras palabras, mucho importan las palabras que uno escoge para llamar a las cosas, pues estas desembocan en una manera de ver, en los pensamientos que guían las acciones de los individuos, y de las colectividades que éstos forman.

Esto es importante para México. Deberíamos esperar que una izquierda responsable, una izquierda en la cual confiar, comience a utilizar un vocabulario de acuerdo a las alturas que requieren nuestros tiempos. He leído recientemente que Pío Lorenzo, mejor conocido como el hermano de AMLO, contenderá en las elecciones intermedias de julio como candidato a diputado de una coalición retrograda en México. Sé de inmediato que hay que desconfiar en políticos que usan discursos vacíos que ofrecen abogar por la "defensa de la economía popular, del petróleo, y de la soberanía nacional". Seguro atraen a la gente que nada tiene, pero ya sabemos lo que esto significa: un gobierno de dádivas, de sindicatos charros, y de políticos parásitos que buscan enriquecerse a como dé lugar, agazapados en los cada vez más magros recursos naturales, y sin los cuales es imposible materializar una política populista.

Para México es importante que la ciudadanía comience a utilizar un lenguaje preciso para articular el lenguaje popular, por ejemplo, el de las palabras que usamos para calificar a los políticos, y a las prácticas del estado en general. Esto significa destrivializar la corrupción: no es mordida, es corrupción, y su presencia revela la imbecilidad de quien la practica. Un ser corrupto es un parásito, no importa su color de piel, su género, su nivel socio-cultural ni sus grados académicos. Generemos un lenguaje productivo, uno en el que las ideas sean un principio creador, y no una manera de preservar el estado de una realidad destinada al fracaso.