jueves, febrero 05, 2009

El peso de nuestro descontento


Gabriel Moreno (Londres) . – Hay que decirlo claro: nuestros pesos pesan menos y el miércoles casi cotiza a 15 pesos por dólar, su valor más bajo en la historia. La contracción económica que México sufrirá este año y en el 2010 me hace pensar que la devaluación es de esperarse y desafortunadamente, también lo es el hecho de que las principales decisiones que México tomará este año estarán atadas a las elecciones intermedias del 5 de julio. Lo que más preocupa es que quienes llevan el timón del país harán como que les habla la virgen, y alguien debe recordarles que México pertenece a 108 millones de mexicanos, no a los 500 candidatos que van a secuestrar al país en un simulacro democrático. Creo que los ciudadanos no tienen tiempo para sentarse a mirar mientras los aspirantes a diputado – y sus aliados – despluman a la gallina de los huevos.

Devaluación de metáforas

Ya no escribo que los huevos de la gallina son de oro por la simple y comprobada razón que los gobiernos corruptos e ineficientes, como el de México, son una fuente de desperdicio clave de la riqueza de los países, como lo documenta William Ascher en su libro Why Governments Waste Natural Resources. Hechos cotidianos me hacen pensar que el tiempo apremia. Como muestra está la devaluación del peso. México transfirió un día feriado – de la Constitución – del 5 al 2 de febrero. Al salir del “puente”, el país encontró que los mercados internacionales le aguardaban para saldar cuentas. El cobro se dio a través de una depreciación del peso, que de haber cerrado el viernes 30 de enero a 14.25 por dólar, el martes 3 de enero se compraba en ventanillas bancarias a 14.72, su valor más bajo de la historia. Tomando en cuenta valores del mercado cambiario, esto significó que la moneda mexicana perdió 2.06% en un fin de semana, y un 6% en lo que va del 2009. Hay una variedad de explicaciones. La más obvia la he leído en un análisis de Actinver, de acuerdo al cual – interpreto – el peso es objeto de especulaciones cambiarias. Esto indicaría que pronto habrá “una corrección” – un eufemismo para indicar que los especuladores han recomprado a un menor precio los pesos que habían vendido, embolsándose la diferencia entre el precio de venta original –, considerando que el Banco de México ha inyectado más de 1,000 millones de sus reserva de dólares para contrarrestar el ataque especulativo. Creo que eventualmente la llamada “corrección” se dará, aunque el peso no recuperará pronto el 32% del valor que ha perdido en los últimos 6 meses.
¿Un tsunami a medias?

Ahora, más allá de especulaciones cambiarias, la economía global está de rodillas debido a una crisis financiera disparada en el 2007. Los gobiernos y bancos centrales de Estados Unidos y Europa han tomado una serie de medidas para reducir el pánico de los grandes inversionistas (los Gates, Buffetts, y Slims de este planeta), eliminando tasas de interés, comprando bancos endeudados, e imprimiendo dinero para dárselo a grandes empresas. Todo esto está muy bien – por ahora – porque ha frenado el colapso del sistema financiero global que hubiera generado un pánico de dimensiones apocalípticas. Lo que desanima, como explicó Igor Yurgens, un asesor del gobierno de Rusia en el Foro Económico de Davos, es que todo el capital del planeta será succionado para financiar el crecimiento económico del primer mundo. Es como cuando hay un tsunami: un movimiento en el fondo del océano provoca un desplazamiento de las aguas de las costas. Pero mientras que en un tsunami el mar regresa provocando una inundación, en este caso el capital necesario para promover la actividad industrial y comercial que necesitan las economías para crecer se quedará en el centro, y todos los nadadores de las periferias se quedarán sin agua, ni siquiera para chapotear. En este contexto la falta de agua se traduce en ausencia del capital que permite a especuladores ganar dinero con la depreciación de las monedas de los países más desaventajados.

El escenario es espeluznante pero no podemos darnos el lujo de sentarnos a mirar. Es claro que el progreso de México está bloqueado por el sinfín de vicios e inercias entre los actores políticos y económicos que han operado a lo largo de la historia. Denisse Dresser se lo explicó hace unos días con exquisita dureza y claridad a los dueños en turno del país. El análisis de la politóloga me hizo pensar en las dinámicas entre primer y tercer mundo señaladas por Immanuel Wallerstein (1974), que personas como el ex presidente de Brasil Fernando Henrique Cardoso han categorizado como modelos de “desarrollo asociado-dependiente”. La idea de este modelo es que las economías más atrasadas promueven su crecimiento con capital proveniente del mundo desarrollado. Esto ocurre generalmente bajo condiciones que favorecen en primer lugar a los dueños de esos recursos, y en segundo a quienes están a cargo del aparato de estado en el país menos avanzado.

Llámale a tu diputado

El problema es que ahora el flujo de capital del primer mundo está agotado, y debido al oscuro panorama es indispensable que el país atienda sus prioridades. Sospecho que esto no ocurrirá. Baste con echar un vistazo a la cobertura mediática de la prensa mexicana en Internet, para saber que los tomadores de decisiones están pensando en el tiempo-aire que las televisoras están obligadas a dar a los partidos políticos para sus campañas, en la captura del primo de los Beltrán Leyva y en el hijo de Marcial Maciel. Temas urgentes como los señalados por Dresser y muchos más se quedarán en la congeladora. Mientras tanto el Banco de México estará aventándole dólares a los especuladores ¿Cuánto le durarán los 85,000 millones de dólares que tiene de reservas? Es difícil que una persona ordinaria pueda actuar para cambiar las circunstancias actuales, pero es indispensable que la ciudadanía se involucre en los asuntos de estado. ¿Qué hacer? Llámale a tu diputado, mándale una carta, escríbele un correo electrónico. Es hora de formar una conciencia democrática que involucre a la ciudadanía en el destino del país, pues a este paso, la gallina de los huevos de oro se nos va a morir.